Microplásticos dentro de nosotros: ¿qué significa para la salud?
Por Dr. Dan
Categorías:

Abres una botella de agua. Calientas las sobras de la cena. Preparas café, cortas vegetales sobre una tabla, te pones una camiseta de fibras sintéticas. El plástico está tan integrado en la vida moderna que evitarlo por completo sería casi imposible.

Y una parte de ese plástico termina convertida en partículas microscópicas.

Los microplásticos se han encontrado en el aire, el agua y los alimentos, pero también en sangre, pulmones, placenta y otros tejidos humanos. Los nanoplásticos —todavía más pequeños— pueden atravesar algunas barreras biológicas en modelos experimentales. Más recientemente, se han encontrado partículas en placas de las arterias y en tejido cerebral.

Es comprensible que estos hallazgos produzcan inquietud. Pero hay una distinción capaz de ahorrarnos mucho miedo innecesario: encontrar microplásticos dentro del cuerpo no demuestra, por sí solo, que estén causando una enfermedad.

La evidencia sí ofrece razones para tomarlos en serio. Lo que todavía no permite es afirmar que sean el “nuevo tabaco”, que estén causando demencia o infertilidad en la población, o que conozcamos una cantidad por debajo de la cual son seguros.

La pregunta más útil, por ahora, no es si podemos eliminar todo el plástico de nuestra vida. Es otra: ¿qué sabemos realmente sobre sus efectos en la salud y qué decisiones prudentes podemos tomar mientras la ciencia continúa avanzando?

Lo esencial en 5 líneas

  • Los microplásticos y nanoplásticos ya se han detectado en distintos tejidos humanos.
  • La señal humana más preocupante hasta ahora proviene del sistema cardiovascular, pero sigue siendo una asociación, no una prueba de causalidad.
  • En células y animales, los efectos dependen de la cantidad, el tiempo de exposición, el tamaño y otras características de las partículas.
  • Podemos reducir algunas fuentes domésticas de exposición, especialmente al almacenar, calentar y preparar alimentos y al filtrar agua con la tecnología adecuada.
  • No existe actualmente una intervención probada que elimine los microplásticos ya depositados en tejidos humanos.

De una botella a una partícula microscópica

Los microplásticos suelen definirse como partículas plásticas menores de 5 milímetros, aunque no existe una definición universal. Muchos estudios utilizan un rango aproximado entre 1 micrómetro y menos de 5 milímetros. Por debajo de ese tamaño se encuentran los nanoplásticos, generalmente definidos entre 1 nanómetro y menos de 1 micrómetro.

La diferencia no es solamente semántica.

Cuanto más pequeña es una partícula, mayor puede ser su capacidad de interactuar con las células y, en determinados modelos experimentales, atravesar barreras biológicas. En ratas, por ejemplo, un estudio con partículas de poliestireno encontró que las de 20 nanómetros atravesaban barreras que las de 100 nanómetros no cruzaban.

Los microplásticos pueden fabricarse directamente en tamaños diminutos o formarse cuando objetos mayores se degradan por luz solar, fricción y otros procesos. Entre los polímeros estudiados con frecuencia están el polietileno, el polipropileno, el poliestireno, el PVC y el PET.

Nuestro contacto ocurre principalmente por tres rutas: ingerimos partículas, las inhalamos y entramos en contacto con ellas a través de la piel. Eso ayuda a explicar por qué se han encontrado en lugares tan distintos del organismo.

Pero presencia y toxicidad son preguntas diferentes.

Encontrar una sustancia en el cuerpo responde a “¿está ahí?”. Para saber si está enfermándonos necesitamos responder preguntas mucho más difíciles: ¿qué cantidad llega a cada tejido?, ¿durante cuánto tiempo permanece?, ¿qué partículas son biológicamente activas?, ¿qué efecto producen y a qué dosis?, ¿y las personas más expuestas desarrollan más enfermedad que las menos expuestas?

Todavía no tenemos todas esas respuestas.

El corazón ofrece una señal que merece atención

Entre los hallazgos humanos disponibles, el estudio publicado por Marfella y colaboradores en The New England Journal of Medicine en 2024 es uno de los más importantes.

Los investigadores estudiaron placas retiradas de las arterias carótidas de personas sometidas a endarterectomía. Encontraron microplásticos o nanoplásticos, principalmente polietileno, en una proporción considerable de las muestras.

Después siguieron a los participantes durante aproximadamente 34 meses.

Las personas cuyas placas contenían estas partículas tuvieron una tasa mayor del desenlace combinado de infarto, accidente cerebrovascular o muerte por cualquier causa. El hazard ratio ajustado fue 4.53.

Ese número puede sonar aterrador, pero necesita contexto.

Un hazard ratio es una medida relativa. Por sí solo no nos dice cuántas personas adicionales de cada 100 sufrieron un evento debido a la presencia de microplásticos. Tampoco permite calcular el riesgo particular de alguien que utiliza recipientes plásticos en su cocina.

Además, el estudio fue observacional.

Las partículas estaban asociadas con un peor pronóstico, pero los investigadores no asignaron al azar a las personas a tener o no microplásticos en sus arterias. Por eso no podemos concluir que las partículas hayan causado los eventos cardiovasculares.

La asociación, sin embargo, merece atención. Las placas que contenían microplásticos también mostraban mayor actividad inflamatoria y características compatibles con mayor vulnerabilidad.

Es una señal científicamente importante. Lo prudente es colocarla exactamente donde corresponde: suficiente para justificar investigación y preocupación razonable, no suficiente para declarar causalidad.

El cerebro plantea un problema parecido. Un estudio publicado en Nature Medicine en 2025 encontró concentraciones de microplásticos y nanoplásticos considerablemente mayores en tejido cerebral que en hígado o riñón. Las muestras de un pequeño grupo de personas con demencia también tenían concentraciones superiores a las de personas sin demencia.

Eso no demuestra que los microplásticos causen Alzheimer.

La enfermedad neurodegenerativa podría alterar la barrera hematoencefálica o los mecanismos de eliminación y favorecer la acumulación. También podrían intervenir otros factores. Saber que dos fenómenos aparecen juntos es distinto de saber que uno provocó al otro.

Se han descrito señales preocupantes en otros sistemas: partículas en semen, testículos, placenta y líquido amniótico; hallazgos respiratorios asociados a ciertas exposiciones ocupacionales; y diferencias en las concentraciones fecales entre personas con enfermedad inflamatoria intestinal y controles.

En conjunto, estos estudios construyen un mapa de posibles efectos. Todavía no constituyen una demostración de que la exposición cotidiana esté causando esas enfermedades en seres humanos.

Cantidad, tiempo y tamaño: aquí la ciencia experimental es más clara

Una pregunta fundamental en toxicología es sencilla: ¿más exposición produce más daño?

En células y animales, muchas investigaciones con microplásticos y nanoplásticos indican que sí.

Se han observado respuestas que aumentan con la concentración, incluida citotoxicidad, estrés oxidativo, inflamación y alteraciones metabólicas. También aparecen diferencias con la duración: en algunos experimentos, exposiciones más prolongadas producen efectos a concentraciones menores que las necesarias durante exposiciones breves.

El tamaño modifica aún más el panorama. Las partículas más pequeñas pueden penetrar estructuras que las mayores no alcanzan. El tipo de polímero, la carga de la superficie y el envejecimiento ambiental también influyen en el comportamiento de las partículas.

Entre los mecanismos que aparecen repetidamente se encuentran la producción excesiva de especies reactivas de oxígeno, el estrés mitocondrial y la activación de vías inflamatorias.

Todo esto hace biológicamente plausible que determinadas partículas puedan producir daño.

Pero plausibilidad no equivale a riesgo humano cuantificado.

Muchas investigaciones utilizan partículas fabricadas específicamente para el laboratorio y exposiciones que no necesariamente reproducen la mezcla compleja que encontramos en la vida cotidiana. Y todavía no tenemos una curva humana que nos permita decir que determinada cantidad de microplásticos produce determinada probabilidad de enfermedad.

Tampoco existe un límite de exposición humana aceptable establecido en las fuentes revisadas.

Por eso, afirmar que cada partícula está haciendo daño va más allá de la evidencia. Asegurar que no importa también sería prematuro.

“¿Puedo reducir mi exposición desde mi propia casa?”

Un lector me planteó una pregunta muy concreta:

“¿Se puede reducir desde el hogar, cambiando envases de plástico por cristal, usando cucharones de madera o metal, poniendo filtros para el agua y utilizando recipientes de cristal en el microondas?”

La respuesta breve es sí: esas son medidas razonables para disminuir determinadas fuentes de exposición.

No podemos calcular cuánto reducirían el riesgo futuro de enfermedad porque ese dato todavía no existe. Pero sí podemos medir algo anterior en la cadena: cuánto plástico o cuántos químicos asociados al plástico se liberan, entran en los alimentos o permanecen en el agua.

1. Guardar y servir alimentos en vidrio en lugar de plástico

El ensayo aleatorizado PERTH, publicado en Nature Medicine en 2026, ofrece una pieza de evidencia especialmente interesante.

Durante siete días, reducir el contacto de alimentos con plásticos se acompañó de disminuciones en metabolitos urinarios relacionados con algunos ftalatos y bisfenoles. El mono-n-butil ftalato disminuyó 37.5%, el monobencil ftalato 53.5% y el bisfenol A 59.7%.

Aquí conviene ser precisos: el estudio midió químicos asociados al plástico, no microplásticos depositados en los tejidos.

Otros experimentos sí han demostrado que recipientes plásticos pueden liberar microplásticos y nanoplásticos durante almacenamiento y uso. Por eso, elegir vidrio o acero inoxidable cuando resulta práctico elimina esa fuente particular de desprendimiento del recipiente.

No hace falta tirar los recipientes que ya tienes. Una estrategia más sensata puede ser reemplazarlos gradualmente cuando se deterioren o cuando necesites comprar nuevos.

2. Elegir madera o metal para utensilios y tablas de cortar

Cortar, remover y raspar producen fricción. Y la fricción sobre una superficie plástica puede desprender partículas.

En estudios experimentales, utensilios plásticos utilizados para preparar alimentos liberaron partículas que no aparecieron cuando se emplearon alternativas no plásticas. Las tablas de polietileno y polipropileno también pueden convertirse en una fuente apreciable de microplásticos por el desgaste del cuchillo.

Usar madera, bambú, acero u otros materiales no plásticos evita esa fuente concreta.

Una vez más, esto no significa que podamos convertir una cifra de partículas evitadas en una reducción determinada de infartos o demencia. Ese puente científico todavía no está construido.

3. Filtrar el agua, pero fijarse en qué filtro estamos comprando

No todos los filtros son equivalentes.

En dispositivos domésticos estudiados, aquellos que incorporaban una membrana física de filtración lograron retirar aproximadamente 78–86% de los fragmentos de PVC probados y entre 94% y 100% de las partículas de PET. El dispositivo con poros de 0.2 micrómetros obtuvo el mejor rendimiento dentro de ese experimento.

El detalle práctico importa: un sistema basado solamente en carbón activado e intercambio iónico, sin una barrera de membrana apropiada, llegó a liberar más partículas de las que retenía.

Así que “tener filtro” no es suficiente. La tecnología y el mantenimiento del filtro importan.

También conviene respetar los intervalos de reemplazo recomendados. Prolongar indefinidamente la vida de un cartucho no convierte al filtro en más eficaz.

4. Para el microondas, vidrio o cerámica en vez de plástico

Esta probablemente sea una de las sustituciones más sencillas.

El calor puede aumentar la migración desde los recipientes plásticos. En experimentos con calentamiento en microondas se han medido liberaciones de hasta millones de microplásticos y miles de millones de nanoplásticos por centímetro cuadrado bajo determinadas condiciones de laboratorio.

Esas cifras describen liberación de partículas, no una dosis de enfermedad humana. Aun así, señalan una fuente de exposición evitable.

Pasar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de calentarla elimina la liberación procedente de ese recipiente plástico durante el calentamiento.

Si tuviera que resumir las cuatro medidas en una sola idea sería esta: no buscan crear una casa “libre de plástico”; buscan retirar algunas fuentes de exposición cuando hacerlo es sencillo y de bajo esfuerzo.

“¿Y se puede hacer algo con los microplásticos que ya están en los tejidos?”

Esta es la pregunta que inevitablemente viene después.

Por ahora, no existe ningún método probado que elimine los microplásticos y nanoplásticos ya depositados en los tejidos humanos.

Eso tampoco significa que el organismo no elimine ninguna partícula.

El cuerpo cuenta con mecanismos fisiológicos de depuración. Dependiendo del tamaño y de otras características, algunas partículas experimentales pueden eliminarse por vías renales, hepatobiliares o gastrointestinales. Estudios en animales también sugieren que algunas permanecen durante meses y que una fracción puede persistir mucho más.

Lo que todavía no podemos hacer es traducir esos datos en una promesa para una persona: “reduce hoy tu exposición y en tantos meses tendrás tantos microplásticos menos en el cerebro, las arterias o el hígado”. Ese dato no existe.

Ni siquiera disponemos de una prueba clínica validada que permita medir rutinariamente la carga de microplásticos en los tejidos de una persona viva y comprobar que un tratamiento la redujo.

Existe investigación preliminar sobre técnicas capaces de retirar partículas de la sangre. Un pequeño estudio no controlado de aféresis de doble filtración, realizado en 21 personas, identificó partículas similares a microplásticos en el material retirado de la circulación.

Es interesante como prueba de concepto. No demuestra que la técnica limpie los tejidos, mejore la salud ni deba utilizarse como tratamiento para microplásticos. No es una intervención que pueda recomendarse actualmente fuera de investigación.

Algo parecido ocurre con las estrategias destinadas a favorecer la eliminación intestinal. En ratas, el quitosano aumentó la excreción fecal de microplásticos. Eso no demuestra que tomar quitosano reduzca microplásticos almacenados en tejidos humanos y no justifica utilizarlo como “detox”.

Este es precisamente el punto en el que conviene desconfiar de las promesas comerciales.

Saunas, ayunos, suplementos, donaciones de sangre y otras estrategias se presentan en internet como formas de “limpiar” el organismo. No tenemos evidencia clínica de que eliminen los microplásticos depositados en tejidos.

Y es importante no mezclar sustancias diferentes.

Los ftalatos y bisfenoles son químicos asociados al plástico, no partículas. Sus concentraciones pueden disminuir rápidamente cuando baja la exposición, como mostró el ensayo PERTH.

Los PFAS constituyen otra familia distinta. Existen estudios en los que la donación de sangre o plasma ha reducido algunos PFAS. Eso no demuestra que donar sangre retire microplásticos.

Cuando sustancias diferentes se agrupan bajo la palabra “toxinas”, una observación cierta sobre una puede convertirse fácilmente en una afirmación falsa sobre otra.

Reducir la entrada sin convertir la vida en una operación de descontaminación

Aquí es donde creo que conviene recuperar perspectiva.

Tenemos buenas razones para disminuir ciertas exposiciones cuando existe una alternativa fácil: guardar comida en vidrio, usar una tabla de madera, elegir recipientes de vidrio para calentar o utilizar un filtro adecuado.

Pero hay un techo inevitable.

Los microplásticos también se encuentran en el aire, el polvo, los textiles y muchos otros lugares sobre los que tenemos poco control. Incluso en el ensayo PERTH, algunos metabolitos no disminuyeron como se esperaba, recordándonos que la exposición al mundo moderno no depende únicamente de los recipientes de nuestra cocina.

Buscar una exposición de cero probablemente sea imposible.

La decisión sensata no necesita ser “plástico o no plástico” en cada minuto de la vida. Puede ser mucho más sencilla: cuando existe una alternativa accesible y práctica que evita una fuente conocida de liberación, úsala; cuando no existe, no conviertas la incertidumbre en culpa.

Y no permitamos que este tema desplace factores de salud cuyos efectos están mucho mejor establecidos. Alimentación, movimiento, sueño, evitar el tabaco y controlar los factores cardiovasculares conocidos continúan importando, independientemente de lo que descubramos sobre los microplásticos en los próximos años.

Vivir con una pregunta científica todavía abierta

La ciencia no siempre llega con una respuesta limpia de sí o no.

Hoy sabemos que los microplásticos llegan al organismo. Sabemos que en modelos experimentales la cantidad, el tiempo y el tamaño modifican sus efectos. Y ya existen asociaciones humanas suficientemente preocupantes como para justificar una investigación mucho más profunda.

Lo que todavía no sabemos es cuánto daño están causando en las exposiciones habituales, quiénes son más vulnerables, cuál sería una dosis aceptable o si reducir la exposición hoy se traducirá en menos enfermedad dentro de veinte años.

Mientras respondemos esas preguntas, no estamos obligados a elegir entre indiferencia y miedo.

Podemos reducir lo que razonablemente podemos reducir. Podemos rechazar los “detox” que prometen más de lo que la ciencia ha demostrado. Y podemos conservar la atención para aquellas decisiones que ya sabemos que protegen nuestra salud.

¿Cuál de estos cuatro cambios sería el más fácil de incorporar en tu hogar?

Cuando te das salud, te das vida.

Dr. Dan

Fuentes científicas

Las fuentes a continuación respaldan la información presentada y están disponibles para quienes deseen profundizar.

Lecturas clave

  1. Marfella R, Prattichizzo F, Sardu C, et al. Microplastics and Nanoplastics in Atheromas and Cardiovascular Events. N Engl J Med. 2024. https://doi.org/10.1056/NEJMoa2309822
  2. Lamoree MH, van Boxel J, Nardella F, et al. Health impacts of microplastic and nanoplastic exposure. Nature Medicine.2025. https://doi.org/10.1038/s41591-025-03902-5
  3. Harray AJ, Lucas AD, Herrmann SE, et al. Low-plastic diet and urinary levels of plastic-associated phthalates and bisphenols: the randomized controlled PERTH Trial. Nature Medicine. 2026. https://doi.org/10.1038/s41591-026-04324-7

Otras fuentes científicas

  1. Nihart AJ, Garcia MA, El Hayek E, et al. Bioaccumulation of microplastics in decedent human brains. Nature Medicine.2025. https://doi.org/10.1038/s41591-024-03453-1
  2. Aimo A, Panichella G, Tommasi E, et al. The effects of microplastics and nanoplastics on cardiovascular disease: mechanisms and perspectives. Nature Reviews Cardiology. 2026. https://doi.org/10.1038/s41569-026-01277-9
  3. El Hayek E, Campen M, Jorgensen B. Modifying exposure to plastic-associated chemicals in daily living. Nature Medicine. 2026. https://doi.org/10.1038/s41591-026-04349-y
  4. Hussain KA, Romanova S, Okur I, et al. Assessing the Release of Microplastics and Nanoplastics From Plastic Containers and Reusable Food Pouches: Implications for Human Health. Environmental Science & Technology. 2023.
  5. Cole M, Gomiero A, Jaén-Gil A, et al. Microplastic and PTFE Contamination of Food From Cookware. Science of the Total Environment. 2024.
  6. Yadav H, Khan MRH, Quadir M, et al. Cutting Boards: An Overlooked Source of Microplastics in Human Food? Environmental Science & Technology. 2023.
  7. Cherian AG, Liu Z, McKie MJ, et al. Microplastic Removal From Drinking Water Using Point-of-Use Devices. Polymers.2023.
  8. Maliwan T, Zhang T, Yeo MME, et al. Revisiting Microplastic Removal and Release by Point-of-Use Ultrafiltration Membranes: 1-Year Monitoring and Interpretable Machine Learning. Water Research. 2025.
  9. Guo X, Dai H, He L. Migration Testing of Microplastics From Selected Water and Food Containers by Raman Microscopy. Journal of Hazardous Materials. 2024.
  10. Dutta P, Rabeeah S, Vargas A, et al. A Comprehensive Narrative Review of Potential Gastrointestinal Adverse Effects From Micro(nano) Plastic Exposure. Clinical Gastroenterology and Hepatology. 2026.
  11. Shruti VC, Kutralam-Muniasamy G. The Human Plastiphere: A Bioparticulate System Challenging Microplastic Risk Assessment and Governance. Environmental Science & Technology. 2025.
  12. Liu D, Shimizu M. Ingesting chitosan can promote excretion of microplastics. Scientific Reports. 2025. https://doi.org/10.1038/s41598-025-96393-w


Descubre más desde Dr. Dándote Salud

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Dr. Dan

Dr. Dan, fundador y Editor en Jefe de Dr. Dándote Salud, es médico en ejercicio en Estados Unidos y supervisa la precisión médica y la integridad editorial del contenido publicado. Comparte educación en salud clara y basada en evidencia para ayudarte a tomar decisiones informadas y crear hábitos sostenibles.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Related Posts

La conexión familiar y su huella en nuestras relaciones adultas
La conexión familiar y su huella en nuestras relaciones adultas
Durante la adolescencia, los amigos ganan espacio y las conversaciones Leer más
La conexión familiar en la adolescencia puede dejar huella veinte años después
La adolescencia suele ser una etapa de distancia aparente. Los